Los Apagones en Cuba: Radiografía de un Colapso Sistémico que Erosiona la Supervivencia y la Confianza
Rodrigo Mena
Los prolongados y crecientes apagones en Cuba no son solo una crisis energética, sino el síntoma más visible de un colapso sistémico que agrava la escasez de alimentos, la seguridad pública y el descontento social. Mientras la población se adapta a la precariedad extrema, el gobierno de Miguel Díaz-Canel profundiza su control y represión en lugar de ofrecer soluciones efectivas.
En resumen — Los prolongados y crecientes apagones en Cuba no son solo una crisis energética, sino el síntoma más visible de un colapso sistémico que agrava la escasez de alimentos, la seguridad pública y el descontento social. Mientras la población se adapta a la precariedad extrema, el gobierno de Miguel Díaz-Canel profundiza su control y represión en lugar de ofrecer soluciones efectivas.
La interrupción del servicio eléctrico, que alcanza hasta 25 horas diarias en algunas zonas, ha dejado de ser una molestia para convertirse en el epicentro de un colapso multifacético en Cuba. La constante oscuridad revela las fisuras profundas de un modelo económico y político que fuerza a millones de ciudadanos a la subsistencia, mientras la élite en el poder ofrece respuestas que no abordan la raíz del problema. La crisis energética actúa como un catalizador, exacerbando la precariedad alimentaria, minando la seguridad vial y alimentando un descontento social que es sistemáticamente sofocado por el Ministerio del Interior.
En un país donde la inestabilidad energética es crónica, los apagones obligan a los cubanos a regresar a métodos de supervivencia que parecían relegados al pasado. Una joven cubana, Iriannis Melina Makeup, documentó en TikTok cómo cocina con una hornilla de carbón ante la falta de electricidad, una realidad que miles comparten a diario. La situación es tal que la Empresa Militar Industrial "Granma", según reportó CiberCuba tras una visita de Miguel Díaz-Canel, ha pasado de mantener la disposición combativa de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) a fabricar cocinas de carbón y aserrín, evidenciando una adaptación oficial a la precariedad impuesta por la propia crisis.
La conexión entre la inestabilidad energética y la alimentación es directa y brutal. El Food Monitor Program (FMP) publicó un informe que documenta "niveles críticos de inseguridad alimentaria en cinco provincias", incluyendo La Habana y Santiago de Cuba. Según Diario de Cuba, una encuesta de Cubadata reveló que el 61,7% de los encuestados reportó que alguien en su hogar se saltó comidas por falta de alimentos, y el 40,3% dijo que alguien dejó de comer durante un día entero. Cocinar con leña o carbón no es una opción, sino una necesidad impuesta por la falta de electricidad, transformando una actividad básica en un desafío diario. Este panorama es percibido como peor que el Período Especial de los años 90 por el 78% de los consultados por el FMP.
Mientras la población lucha por sobrevivir, el liderazgo cubano, encabezado por Miguel Díaz-Canel, responde con iniciativas que parecen desfasadas ante la magnitud del problema. CiberCuba informó sobre una reunión de Díaz-Canel con científicos cubanos para debatir proyectos de energías renovables vinculados a la transición energética. Sin embargo, muchas de las propuestas, como el desarrollo del biogás o el uso de biomasa forestal, han sido conocidas durante años sin avances significativos. Este ejercicio de "descubrir el agua tibia", según la valoración de CiberCuba, contrasta dramáticamente con los apagones de hasta 25 horas diarias que la población padece.
La crisis energética tiene implicaciones directas en la seguridad pública y la cohesión social, más allá de la mera incomodidad. 14ymedio reportó un accidente grave en La Habana donde una camioneta embistió a un triciclo eléctrico, dejando varios heridos, debido a un semáforo apagado por la falta de corriente. Este incidente no solo evidencia la fragilidad de la infraestructura urbana, sino también la precariedad del sistema de salud y emergencias del Estado, que no pudo proporcionar ambulancias para los heridos, forzando su traslado en otro triciclo. Estos episodios de caos reflejan un resquebrajamiento social que va más allá de la economía.
El descontento generado por la crisis y los apagones se traduce en protestas que son reprimidas por el Estado. La organización de derechos humanos Cubalex denunció la detención de al menos cinco menores de 18 años tras las protestas de marzo de 2026. Entre ellos, Jonathan David Muir Burgos, de 16 años, fue acusado de sabotaje por su presunta participación en el incendio de la sede local del Partido Comunista en Morón y trasladado a la cárcel de adultos de Canaleta, a pesar de sus problemas de salud, según detalló CiberCuba. Esta respuesta represiva del Ministerio del Interior, en lugar de soluciones de fondo, es una constante que agrava la desconfianza ciudadana.
La diáspora cubana observa con alarma la situación, y figuras como el congresista estadounidense Carlos Giménez defienden una política de "máxima presión" contra el régimen, afirmando que "esa revolución necesita desaparecer", en declaraciones a CiberCuba. En contraste, cubanas emigradas en Brasil, como Cami y Melisa, lanzan advertencias a otros migrantes sobre la dureza de la vida fuera de la isla, subrayando la necesidad de trabajar duro y adaptarse. Este mensaje, aunque dirigido a la emigración, implícitamente critica la falta de oportunidades y la cultura del "resolver" que define la vida en Cuba bajo las condiciones actuales. La psicóloga cubana Gise Ponce, en un debate viral, también criticó a influencers que, según ella, "blanquean la realidad de un pueblo que está sufriendo", desmintiendo la pobreza extrema.
La actual crisis energética y social en Cuba hunde sus raíces en la dependencia histórica de potencias extranjeras —primero la Unión Soviética y luego Venezuela— y en la incapacidad crónica del Partido Comunista para generar autosuficiencia económica. El Programa Económico y Social del Gobierno para 2026, si bien reconoce en el medio estatal Diario de Cuba la necesidad de "construir condiciones sistémicas adecuadas", mantiene el Artículo 5 de la Constitución, que consagra al Partido Comunista como fuerza rectora de la sociedad. Este enfoque, que prioriza el control político y la ideología sobre la eficiencia económica y la apertura, asegura la continuidad de las "distorsiones" y el perpetuo estado de crisis que ha llevado a los apagones actuales.
Los apagones, por tanto, no son un problema aislado, sino la metáfora de un sistema en ruinas que ha cooptado la vida de sus ciudadanos en un ciclo de precariedad, control y represión. La "filosofía del buen hacer" promovida por el gobierno de Miguel Díaz-Canel, como se mostró en la visita a la Empresa Militar Industrial "Granma", parece más enfocada en la supervivencia del modelo autoritario que en el bienestar y desarrollo del pueblo, condenando a Cuba a un futuro de oscuridad persistente, tanto literal como figurada.
Escrito por Rodrigo Mena