El ritual que se vacía: cómo el poder cubano convirtió el colapso en épica oficial
De Pinar del Río a 23 y 12, la maquinaria propagandística de Díaz-Canel repite el mismo guion de resistencia mientras sus propias cifras documentan el fracaso que dice negar
Lila Fuentes
La cobertura reciente sobre Miguel Díaz-Canel muestra un patrón que va más allá de cada acto aislado: el régimen ha dejado de ocultar el desastre para convertirlo en materia prima de su relato de resistencia, citando sus propios datos de mortalidad infantil, listas de espera y colapso económico como si fueran prueba de heroísmo. Ese giro discursivo convive con una asistencia cada vez más desganada a los actos oficiales y con una historia personal de fracasos de gestión que antecede a la crisis actual.
El ritual que se vacía: cómo el poder cubano convirtió el colapso en épica oficial
De Pinar del Río a 23 y 12, la maquinaria propagandística de Díaz-Canel repite el mismo guion de resistencia mientras sus propias cifras documentan el fracaso que dice negar
En resumen — La cobertura reciente sobre Miguel Díaz-Canel muestra un patrón que va más allá de cada acto aislado: el régimen ha dejado de ocultar el desastre para convertirlo en materia prima de su relato de resistencia, mientras cita sus propios datos de mortalidad infantil, listas de espera y colapso económico como si fueran prueba de heroísmo. Ese giro discursivo convive con una asistencia cada vez más desganada a los actos oficiales y con una historia personal de fracasos de gestión que antecede a la crisis actual.
Antes de que saliera el sol del domingo, en Pinar del Río, Miguel Díaz-Canel leyó primero un mensaje de Raúl Castro, a quien presentó como "líder de nuestra revolución", y solo después pronunció su propio discurso: casi media hora describiendo un país sin electricidad, sin medicamentos, con hospitales incapaces de realizar cirugías y una mortalidad infantil en ascenso, según relató 14ymedio del acto central por el 26 de julio. El público, señaló el mismo medio, se veía desganado, con pocos gestos de entusiasmo. El gobernante cubano no pidió disculpas ni asumió responsabilidad alguna: comparó la crisis con el asalto al cuartel Moncada de 1953 y afirmó que Cuba libra "un nuevo Moncada" contra Estados Unidos, según recogió 14ymedio.
Lo que la cobertura acumulada de las últimas semanas deja ver no es un discurso aislado, sino un mecanismo que se repite cada vez que el régimen necesita justificar una nueva privación. El patrón no es la negación del desastre —esa fase, documentan las fuentes, ya quedó atrás— sino su incorporación como evidencia de resiliencia. El propio acto de Pinar del Río, según describió CiberCuba, incluyó datos que "paradójicamente" retratan el fracaso oficial: la mortalidad infantil pasó de 4,0 por cada mil nacidos vivos en 2018 a 9,9 en 2025, es decir, se multiplicó por casi 2,5 (9,9 dividido entre 4,0), un incremento del 148%. A esa cifra se sumó la lista de espera quirúrgica, que supera ya las 100.000 personas, más de 10.000 de ellas niños. Díaz-Canel calificó el cerco petrolero como un "castigo colectivo" y denunció que el temor a represalias impide que navieras trasladen suministros a Cuba, atribuyendo a un enemigo externo un derrumbe que sus propios números documentan desde adentro.
El contraste entre el aparato del acto —banderas de decenas de países, delegaciones del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos y del movimiento Pastores por la Paz— y la vida cotidiana sin luz ni combustible no pasó inadvertido para quienes lo vieron desde la isla. La síntesis, recogida por CiberCuba entre los comentarios en redes a la publicación oficial de la Presidencia, fue escueta: "Para eso sí hay combustible". Otro comentario preguntó, sin más, "¿hasta cuándo?". Un tercero resumió la distancia entre retórica y necesidad material: "la independencia y soberanía son utopías que no me dan qué comer, yo tengo hambre".
Esa misma jornada, la maquinaria oficial difundió otra escena: Díaz-Canel posando junto a niños con pulóveres con el lema "Mi Moncada es la Patria", en la inauguración de un hogar infantil llamado "Hermanos Saíz" en Pinar del Río, según reportó CiberCuba. Ninguna publicación oficial mencionó, en ese momento, la crisis que atraviesa la niñez cubana: el Programa Mundial de Alimentos estima que el 48,5% de los escolares de seis a 11 años no recibe comida ni merienda en sus centros educativos, UNICEF calcula 9% de pobreza alimentaria infantil severa en menores de cinco años, y el Observatorio Cubano de Conflictos registró 71 denuncias de trabajo y mendicidad infantil en 2025, según los datos citados por ese medio. El uso de imágenes de niños en fechas conmemorativas, señaló CiberCuba, responde a un patrón ya documentado en la gestión de Díaz-Canel.
El desgaste del ritual no es exclusivo del 26 de julio. Cuando el régimen conmemoró en abril el aniversario de la esquina de 23 y 12, en La Habana, lo hizo, según describió 14ymedio, con menos gente y los mismos discursos, sin la presencia de Raúl Castro ni de Ramiro Valdés y en medio de un déficit eléctrico de 1.872 megavatios; el propio medio observó entonces que el Gobierno insistía en sostener actos de reafirmación pese a la escasez de combustible, una crítica que reaparece, casi sin cambios, tres meses después en Pinar del Río. La reiteración sugiere que la menor convocatoria no ha alterado la fórmula: ante cada crisis, el aparato responde con más acto, no con menos.
Esa fórmula tiene, además, una genealogía personal que la cobertura remonta a los años de Díaz-Canel al frente del Partido en Holguín, cuando —recordó una columna de 14ymedio— los campesinos lo apodaron "Díaz-Condón" porque impedía que la leche entrara en la ciudad. La Tarea Ordenamiento, aplicada en 2021, cumplió cinco años convertida, según el economista Pedro Monreal citado por Diario de Cuba, en "el inicio de la fase más errática de la política económica de Cuba". El resultado, documentó 14ymedio, fue la pulverización de salarios y pensiones, inflación galopante y devaluación del peso; 2025 cerró con 134.354 fallecimientos, la segunda cifra más alta desde que hay registros, solo detrás de 2021, año del covid.
El mito fundacional que sostiene todo este andamiaje —el asalto al Moncada de 1953— también está siendo revisado por la prensa que cubre a Cuba. Un análisis de CiberCuba lo describió como "el relato épico de un desastre militar transmutado en victoria política", una resignificación que Díaz-Canel repite en miniatura cada vez que convierte un apagón o una lista de espera quirúrgica en prueba de "resistencia y dignidad", frase que la Presidencia usó para el encuentro de Pinar del Río, según CiberCuba. La diferencia, advirtió 14ymedio, es que aquel asalto tenía un objetivo concreto, mientras la batalla que hoy libra el discurso oficial carece de estrategia o desenlace: es una guerra sin fin, útil porque no admite rendición de cuentas.
Esa misma lógica explica por qué el tono hacia Washington puede endurecerse un domingo y suavizarse cuatro días después. Ante la ronda más reciente de sanciones estadounidenses, dirigidas contra la Comercializadora de Servicios Médicos Cubanos y contra el ministro de Salud José Ángel Portal Miranda, ni Díaz-Canel ni el primer ministro Manuel Marrero se pronunciaron; fue el canciller Bruno Rodríguez quien, en X, denunció "una agresión contra el derecho humano al acceso a servicios de salud para cientos de miles de personas", según reportó 14ymedio. El silencio frente a esas sanciones y la arenga beligerante del 26 de julio no son contradictorios: son la misma estrategia aplicada a públicos distintos.
Lo que queda, al final, no es un discurso más entre los muchos que Díaz-Canel ha pronunciado en ocho años de mandato, sino la confirmación de que el aparato ya no necesita esconder los números que lo condenan: los exhibe, los nombra y los reviste de épica, mientras deja que sean los propios cubanos —en un comentario de Facebook, en el silencio de un acto al que cada vez asiste menos gente— quienes midan la distancia entre esa épica y la vida que describen sus propias cifras.
Escrito por Lila Fuentes
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