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El efímero respiro ruso: Cuba y la crisis energética que se niega a ceder

Carmen Valdés
El efímero respiro ruso: Cuba y la crisis energética que se niega a ceder

La reciente llegada de petróleo ruso ha ofrecido un alivio temporal a la crisis eléctrica en Cuba, reduciendo momentáneamente la intensidad de los apagones y generando un cauto optimismo oficial. Sin embargo, esta mejora puntual es solo un parche sobre un problema estructural y multifactorial, que sigue dejando a miles de cubanos en una precariedad energética que afecta desde la salud pública hasta el acceso al agua, desnudando la profunda desconexión entre el discurso estatal y la cruda realidad del día a día.

En resumen — La reciente llegada de petróleo ruso ha ofrecido un alivio temporal a la crisis eléctrica en Cuba, reduciendo momentáneamente la intensidad de los apagones y generando un cauto optimismo oficial. Sin embargo, esta mejora puntual es solo un parche sobre un problema estructural y multifactorial, que sigue dejando a miles de cubanos en una precariedad energética que afecta desde la salud pública hasta el acceso al agua, desnudando la profunda desconexión entre el discurso estatal y la cruda realidad del día a día.

La Unión Eléctrica (UNE) pronosticó esta semana el menor déficit en meses, situándolo en 1.012 MW para el horario pico, una cifra que, en el contexto de la devastadora crisis energética cubana, sonó casi a buena noticia. Esta ligera mejoría coincide directamente con el inicio de la distribución de los derivados de las 100.000 toneladas de crudo donadas por Rusia, que llegaron a finales de marzo y comenzaron a procesarse en la refinería de Cienfuegos. Para muchos, fue un respiro que se sintió por primera vez en semanas, con algunos reportes de zonas de La Habana disfrutando de 48 horas de electricidad sin cortes. Pero, ¿es este el inicio de una solución o solo un nuevo capítulo en la crónica de los parches temporales?

El viceministro de Exteriores ruso, Alexander Pankin, ha declarado que Moscú está dispuesto a considerar nuevos envíos de petróleo a Cuba "si es necesario", reforzando la idea de una dependencia externa para sostener la maltrecha infraestructura energética. La Unión Cuba-Petróleo (CUPET), la empresa estatal encargada de todo lo relativo a los hidrocarburos en la isla, informó a Granma que los derivados de este crudo "permitirán cubrir alrededor de un tercio de la demanda nacional durante un mes". Una ayuda considerable, sin duda, pero que el experto cubano en energía Jorge Piñón, consultado por 14ymedio, ya advierte: de esas 100.000 toneladas, apenas se derivarían "no más de 250.000 barriles de diésel", una cantidad útil para prioridades, pero insuficiente para sacar a Cuba de la asfixia energética. El ministro de Energía y Minas cubano, Vicente de la O Levy, había admitido antes que el país distribuye solo 800 toneladas diarias de diésel, la mitad de lo necesario.

Esta disonancia entre la retórica de alivio y la magnitud del problema no ha pasado desapercibida para los cubanos. Las previsiones de la UNE (Unión Eléctrica, la empresa estatal que gestiona la electricidad en la isla) para un menor déficit fueron recibidas en redes sociales con una mezcla de incredulidad e ironía. "¿La disponibilidad subió 600 MW de un día para otro?", cuestionó un usuario en Facebook, mientras otro afirmaba, resignado, que "Esos números no me los creo, ya que no veo luz". En provincias como Matanzas o Santiago de Cuba, los residentes reportaron seguir sufriendo apagones de larga duración, dejando claro que las cifras oficiales a menudo se desmarcan de la realidad que se vive en las calles y los hogares de la isla.

La crisis energética en Cuba es un motor que impulsa, y agrava, otras crisis interconectadas. La falta de electricidad impacta directamente en el suministro de agua potable, ya que los sistemas de bombeo requieren energía constante. Esta semana, la empresa estatal Aguas de La Habana admitió el "colapso del abastecimiento" en casi todas las localidades de la capital, afectando a unos 200.000 ciudadanos. En Luyanó, Diez de Octubre, los vecinos tuvieron que personarse en el gobierno para que les enviaran una pipa de agua, tras días sin servicio, con un residente advirtiendo que "la gente tolera más los apagones que la falta de agua". La situación ha llegado al punto de obligar a negocios de venta de comida a cerrar temporalmente, incapaces de funcionar sin el vital líquido.

Pero el impacto más desgarrador recae sobre los más vulnerables. La crisis energética ha puesto en riesgo la atención médica, especialmente de niños y bebés que requieren acceso a oxígeno. UNICEF, la agencia de la ONU para la infancia, comenzó a distribuir 100 concentradores de oxígeno en hospitales maternos y pediátricos cubanos, una ayuda que llega tras un repunte de la mortalidad infantil reconocido por el propio Ministerio de Salud Pública. La representante de UNICEF en Cuba, Sunny Guidotti, señaló que la actual crisis energética "dificulta la atención en salud y pone en riesgo a los bebés, niños y niñas que requieren el acceso a oxígeno". En Holguín, Griselda Tarrago Escobar, una mujer de 49 años que cría a su nieta de seis con enfermedades crónicas, cocinaba bajo la lluvia en un fogón improvisado porque no podía dejar a la niña sin comer. Un proyecto solidario tuvo que donarle un fogón infrarrojo, un refrigerador y una cama, por un valor total de 234.000 pesos cubanos (CUP), una cifra que ilustra el abismo entre los precios en el mercado informal y el salario mínimo oficial, y el costo de vida en la isla. Incluso la desesperación lleva a actos delictivos como el robo de 600 litros de aceite dieléctrico de transformadores en Amancio, Las Tunas, dejando sin electricidad al 40% del municipio, incluyendo un policlínico y una estación de bombeo de agua.

Frente a este panorama, el presidente Miguel Díaz-Canel, en una entrevista con Russia Today, insistió en una "estrategia" de seis ejes que incluye la descentralización económica, la autonomía de empresas estatales y municipios, y la transición energética, con inversiones en más de 1.000 MW en parques fotovoltaicos en 2025. Aunque el mandatario admitió las limitaciones de combustible y apeló a la agroecología, su discurso se percibe distante de la urgencia del día a día cubano, donde la falta de corriente va más allá de un problema técnico y se convierte en una lucha por la supervivencia básica. Incluso la administración estadounidense, a través de su Secretario de Energía, Chris Wright, ha reconocido el "sistema económico ruinoso" de Cuba y su historial de dependencia externa, permitiendo el paso del petrolero ruso para evitar una crisis humanitaria aún mayor, a la vez que insiste en que el objetivo es forzar un cambio en la isla.

La llegada del petróleo ruso ha sido un analgésico puntual para un sistema en crisis crónica. Ha ofrecido un respiro fugaz, evitando un colapso eléctrico total, pero no ha modificado la estructura de una dependencia energética persistente ni ha aliviado el peso de una economía que, en su incapacidad de generar y distribuir recursos básicos, deja a sus ciudadanos en un estado de vulnerabilidad extrema. Los apagones no son solo la falta de luz; son la imposibilidad de cocinar, de conservar alimentos, de bombear agua, de acceder a servicios de salud vitales. La "mejora" de la Unión Eléctrica es un espejismo en un desierto de precariedad, una tregua temporal que no resuelve la guerra diaria que libran los cubanos para sobrevivir.