Cubana en Holguín Agradece Fogón Donado para Cocinar a Nieta Enferma
Lila Fuentes
Griselda Tarrago Escobar, de Holguín, recibió un fogón infrarrojo donado que le permite cocinar a su nieta enferma sin exponerse a la lluvia. Este acto de solidaridad, impulsado por fondos de la diáspora, subraya la profunda crisis energética y el abandono estatal que obliga a muchas familias cubanas a depender de la ayuda externa para cubrir necesidades básicas.
En resumen — Griselda Tarrago Escobar, de Holguín, recibió un fogón infrarrojo donado que le permite cocinar a su nieta enferma sin exponerse a la lluvia. Este acto de solidaridad, impulsado por fondos de la diáspora, subraya la profunda crisis energética y el abandono estatal que obliga a muchas familias cubanas a depender de la ayuda externa para cubrir necesidades básicas.
Holguín, Cuba — Griselda Tarrago Escobar, de 49 años y residente en El Llano, San Andrés, Holguín, expresó su profundo agradecimiento por la donación de un fogón infrarrojo que ha transformado su capacidad para atender a su nieta. La mujer cocinaba a la intemperie, bajo la lluvia y expuesta al humo, para preparar los alimentos de Natacha Montenegro Tarrago, su nieta de seis años, quien padece enfermedades crónicas. "Me ha caído agua lloviendo en estos días, haciéndole los alimentos para mi niña, porque no podía dejar que se quedara sin comer", relató Griselda.
La ayuda, gestionada por el proyecto "Mi Ciudad tiene un Principito" con fondos enviados por personas solidarias desde el exterior, incluyó, además del fogón de 17,500 pesos, una cama, un refrigerador y varias ollas, sumando un total de 234,000 pesos cubanos. Esta cifra equivale a más de 33 salarios mensuales promedio en Cuba, donde el salario medio apenas supera los 6,900 pesos, exponiendo la imposibilidad para la mayoría de adquirir electrodomésticos esenciales. La provincia de Holguín sufre apagones de hasta 24 horas diarias, agravando la situación de vulnerabilidad para familias como la de Griselda, quien también cuida de su hija con ataxia severa.
texto final